Único Reserva Especial 2024 & Castillo de Ygay 2011

Único Reserva Especial 2024 vs Castillo de Ygay 2011

No se trata de un duelo para ver qué vino es mejor. Sería injusto. Estamos frente a dos de los vinos más grandes de nuestro país. Los dos son excepciones, pero beberlos a la vez me ha servido para analizar los matices de cada uno por separado y en conjunto.

Cuando mi hermano nos propuso, a mi amigo Vicente y a mí, compartir el Único Reserva Especial de Vega-Sicilia que le habían regalado por su cumpleaños, nos pareció una gran oportunidad beberlo con un Castillo de Ygay, Gran Reserva Especial 2011, así que compramos una botella del mítico riojano.

Tener a las dos botellas frente a frente impresiona. Sabes que estás delante de dos miuras que destilan elegancia y que no sabes cuándo volverás a disfrutarlos, ya no solo a la vez. Vayamos al análisis.

La primera copa que bebí fue la del Castillo de Ygay. El vino estaba aún por abrir. Las dulces notas de la barrica de roble americano marcaban el vino, así como un punto alcohólico. Necesitaba tiempo. Hice lo propio con el Único Reserva Especial. El vino se mostraba menos agresivo, no obstante, aún estaba demasiado duro, también necesitaba abrirse. Decantamos las dos botellas y decidimos dejarles su tiempo. Poco a poco, los dos vinos fueron creciendo, volviéndose más amables. El Castillo de Ygay fue absorbiendo la madera y el alcohol para ser cada vez más sedoso y elegante. Por su parte, el Único también se fue domando, integrando su acidez para hacerlo cada vez más redondo. Para nuestra desgracia, las botellas se acabaron casi sin darnos cuenta, dejándonos queriendo beber más y más.

Los dos vinos estuvieron fantásticos, pero, a la vez, sentía que los estábamos bebiendo demasiado pronto. Ambos, a pesar de ser un 2011, el Castillo de Ygay, y de las añadas 2010, 2011 y 2012, el Único, estaban jóvenes y mostraban un potencial de crecimiento enorme. El paso del tiempo en estos vinos los eleva, exponencialmente, para convertirlos en míticos. Sin embargo, debo reconocer que beberlos “jóvenes” nos permite ver toda su magnitud.

Una experiencia fantástica, necesaria y que conviene repetir con vinos de talla mundial. A estos niveles, no existen vencedores ni vencidos, tan solo momentos mágicos en los que los únicos ganadores somos nosotros.

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