vino frente otros alcoholes 1

El vino frente a otros alcoholes: Parte 1

Con esta entrada es posible que me granjee unos cuantos detractores y unas cuantas opiniones en contra, sobre todo por parte de los amantes de la cerveza y de los destilados, pero todo punto de vista es respetable, incluso el mío. Vaya por delante que el vino, la cerveza y los destilados, en general, pueden compartir, con responsabilidad, mesa y mantel, incluso que hay amantes del vino que también lo son de los otros y viceversa.

No bebo más alcohol que vino, si es que puede considerarse como tal, aunque técnicamente lo sea. No bebo cerveza, aunque hace muchos años, de vez en cuando, la bebía. Tampoco bebo ginebra, ni ron, ni vodka, ni güisqui ni otro destilado, aunque puntualmente los haya probado. Los espirituosos ni me gustan ni considero que sea buena idea mezclarlos con el vino. En términos generales, considero que el consumo de estos otros alcoholes tiene una finalidad muy diferente al del vino, ya que ni tienden a potenciar los sabores de una comida ni tampoco se busca en su consumo lo que el bebedor de vino encuentra en este, aunque también soy consciente de que los amantes de la cerveza y de los destilados también pueden explotar sus maridajes y que, por supuesto, tienen sus momentos de disfrute.

Volvamos a uno de los puntos de partida: la exclusividad en la elaboración del vino. Solo se hace vino una vez al año y para ello es necesario un proceso de envero, vendimia, fermentación, elaboración y envase. Este procedimiento debe cumplir unos parámetros que solo se pueden dar en meses concretos del año, en esos y no en otros. Con los alcoholes que no derivan del vino no es exactamente así. La cerveza se puede hacer en cualquier momento del año. Necesito tantos litros, los hago. Si me he quedado corto hago más, con independencia del clima que haga ese mes. Algo muy similar sucede con los destilados. Son procesos en los que la mano del hombre está tan presente que mueve los hilos de la elaboración relativamente a su antojo. Esto no pasa con el vino, pues la mano que mece la cuna es la climatología anual. El viticultor está a expensas de los excesos de frío, calor, lluvia, y, también, a las enfermedades del campo.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *