Esta semana cumplimos años, cinco en concreto. Muchos dirán “parece que fue ayer” o “cinco años no son nada”. Sin embargo, mi unión con todos los que forman parte de Terroir a Ciegas -directa e indirectamente- es tal que, particularmente, siento que es toda una vida.
En cinco años han pasado muchas cosas, pero una siempre ha permanecido invariable. La complicidad. Una palabra que mantiene en equilibrio todas esas pequeñas cosas que pueden hacer que un grupo funcione o termine rompiéndose. Este término hilvana, en nuestro caso mediante un reguero de vino, la felicidad, la risa, la confianza, el buen rollo y la diversión. Ahora bien, que nadie lo dude, también la CONSTANCIA y el TRABAJO. Porque nuestros entrenamientos semanales derrochan las palabras que todo el mundo ve, pero también las que nos han hecho crecer y son invisibles para los demás.
Si durante estos cinco años hemos alcanzado dos Campeonatos de España, un bronce en el Mundial, una victoria en el Canarias Wine Challenge, un segundo puesto en el Concurso a Ciegas de Champagne y varias finales -incluido un tercer puesto- en Vila Viniteca, ha sido porque todas esas palabras están batidas en la misma coctelera para crear una química tan fuerte como el pegamento. Y esto no significa que durante este lustro todo haya sido idílico, porque, como todo el mundo, también hemos tenido nuestros bajones, dudas, problemas y no han sido pocas las veces que hemos salido de un concurso preguntándonos si realmente sabíamos algo de vino. No lo dudéis.
No sabemos si volveremos a ganar algo, pero siento que cada viernes, cada día que nos reunimos, ya hemos ganado, porque el éxito no se debe medir en trofeos o medallas, sino en la felicidad del día a día. Reunirnos casi todos los viernes del año, generalmente, en Erajoma, gracias a Ramón Bonet, el “Beatle” que nos entrena y guarda nuestros trofeos, es una de las mayores victorias.
Dentro de otros cinco años, no sabemos qué será de Terroir a Ciegas, ni de sus integrantes, ni siquiera de los lectores de esta entrada. Siempre se habla de futuro, pero ésta es una palabra tan lejana como incierta. Centrémonos en el presente, en cada encuentro, y apliquémoslo a cualquier ámbito de nuestra vida que, por supuesto, va mucho más allá del vino. Si algo más tenemos que ganar bienvenido sea y si no seguiremos descorchando vinos, aprendiendo, y celebrando nuestra mejor victoria: la amistad.