En una cata a ciegas con público celebrada recientemente en Rimontgó, nos preguntaron cómo catábamos en equipo. La pregunta es importante, más ahora que, a la vuelta de la esquina, tenemos el Campeonato de España de Cata a Ciegas, para ser exactos el sábado 23 de mayo en Bodegas Baigorri (Rioja).
Catar en equipo, bien sea por parejas o por equipos de cuatro, tiene sus ventajas y desventajas, pues la reflexión conjunta puede sumar o restar. Circunstancia crucial, porque hay muchos puntos en juego y un mal razonamiento te lastra en el concurso.
La clave de la cata a ciegas por equipos es la confianza máxima. En mi equipo, Terroir a Ciegas, nadie duda de la sapiencia e intuición de los demás. Nos conocemos a la perfección. Sabemos cuáles son los puntos fuertes de cada uno y los respetamos. Escuchamos los argumentos de los demás sabiendo que tienen sentido, aunque los nuestros apunten hacia otro lado. Y, por supuesto, no imponemos nuestro criterio por insistencia. Tal es el grado de empatía que en muchas ocasiones pensamos lo mismo, incluso una mirada nos sirve para ratificar un vino. Esto no significa que acertemos todos los vinos o que nuestros debates siempre sumen, pero lo importante es que detrás de nuestras reflexiones siempre exista cordura y lógica. Si fallamos no hay reproches, porque hemos llegado al consenso convencidos de que la decisión era la correcta. Realmente, si lo pensáis bien, es todo lo que debe ser un matrimonio o la amistad. Tan sencillo como complicado.
Por supuesto, cada equipo tendrá su receta. No a todos les tiene porqué funcionar la misma fórmula, pero creo que debe haber un hilo común. Supongo que habrá equipos en los que haya cierta dependencia de uno o dos miembros por status profesional o liderazgo, pero lo que sí tengo claro es que la imposición de criterio por insistencia no sale bien en un concurso, en un vino puede, pero en siete u ocho, seguro que no.
Cuando me preguntan quién es el bueno del equipo, siempre respondo: “¿preguntas por el bueno bueno?” “Sí, el más bueno”. Mi respuesta es “el bueno bueno, soy yo, pero resulta que mis amigos de equipo son mucho mejores”. Y es que esta respuesta, disfrazada de broma y de piropo, encubre una gran verdad: los cuatro somos buenos, pero en equipo somos mejores.