La importancia del suelo en un viñedo no es una cuestión baladí, pues constituye una de las piezas clave en el puzle del terroir. Existen diferentes tipos de suelo y en función del mismo el resultado final de un vino tendrá unas características u otras. Esta breve introducción resulta necesaria para hablar de unos suelos de gran importancia en el mundo vinícola: los kimmeridgianos.
¿Qué son los suelos kimmeridgianos? En el periódico Jurásico, hace 150 millones de años, una gran cuenca marina cubría buena parte de Europa. Conforme los organismos marinos morían, especialmente moluscos y ostras, sus restos se depositaban en el fondo del mar, formando sedimentos de carbonato cálcico. Con el paso de los siglos, el mar se retiró dejando suelos de piedra caliza, ricos en minerales, que dieron lugar a este tipo de suelos.
Son característicos en Borgoña, más concretamente de Chablis, donde sus vinos blancos expresan las propiedades de la caliza kimmeridgiana. No en vano, si paseamos por los viñedos de la zona, podemos encontrar un bueno número de fósiles marinos.
La virtud de estos suelos radica en la gran capacidad que tienen para retener la humedad, lo que favorece el desarrollo óptimo de la vid. Además, su composición mineral aporta frescura, acidez, complejidad, estructura y elegancia. Este conjunto de motivos ha hecho que los vinos de Chablis sean tan reconocidos en todo el mundo.
No obstante, estos suelos no sólo los encontramos en Chablis, sino también en otras partes del mundo. Por ejemplo, en el Valle del Loira, en Sancerre y Pouilly-Fumé, donde predominan las variedades de sauvignon blanc y pinot noir. También en el Condado de Kent, en el sureste de Inglaterra, lo que favorece la calidad de espumosos con chardonnay y pinot noir. Igualmente, en los Coteaux du Lyonnais, al sureste de Lyon. En el Nuevo Mundo, los encontramos en Adelaida Hills (Australia), donde se trabaja la chardonnay y la pinot noir. Así como, en el Condado de Sonoma, en California, en las zonas más frescas como Russian River Valley.
A la hora de catar un vino, no debemos olvidar que muchos de sus matices, tanto en nariz como en boca, provienen del suelo. Notas que encontramos en vinos espumosos, blancos, tintos y dulces. Los suelos en general, y los kimmeridgianos en particular, son un recordatorio de que el vino es mucho más que solo uva.